Durante años, muchas mujeres con migraña han escuchado la misma frase: “Eso es hormonal”. Y aunque las hormonas influyen, esa explicación se queda corta. La ciencia está mostrando que detrás de esa relación hay un mecanismo mucho más complejo en el que el cerebro tiene un papel protagonista.
Un reciente artículo publicado en The Journal of Headache and Pain analiza cómo una pequeña región cerebral llamada hipotálamo podría ser la clave que conecta los cambios hormonales con el inicio de las crisis de migraña.
El hipotálamo actúa como un auténtico centro de control del organismo. Regula el sueño, el apetito, la temperatura corporal, la respuesta al estrés y, además, es el encargado de coordinar la producción de hormonas sexuales como los estrógenos y la progesterona. Es, en cierto modo, el “director de orquesta” que mantiene en equilibrio múltiples funciones del cuerpo.
Lo interesante es que diversos estudios de neuroimagen han mostrado que el hipotálamo se activa incluso antes de que aparezca el dolor de una crisis de migraña. Es decir, participa en el momento en que el ataque comienza a gestarse. Esto ayuda a explicar por qué, en la fase previa al dolor, muchas personas experimentan cambios en el estado de ánimo, el apetito o el sueño: síntomas que dependen precisamente de esta región cerebral.
Cuando hablamos de migraña y hormonas, el foco suele ponerse en los estrógenos. Se sabe que la migraña es más frecuente en mujeres y que muchas crisis se relacionan con el ciclo menstrual. Sin embargo, este nuevo enfoque insiste en que el factor decisivo no son tanto los niveles absolutos de hormonas, sino sus fluctuaciones. La caída brusca de estrógenos antes de la menstruación, por ejemplo, podría aumentar la sensibilidad del cerebro y facilitar el inicio de una crisis. En cambio, durante el embarazo, cuando los niveles hormonales se mantienen altos y estables, muchas mujeres experimentan una mejoría.
Esto no significa que las hormonas “causen” la migraña por sí solas. Lo que parece ocurrir es que el cerebro de las personas con migraña es más vulnerable a determinados cambios biológicos. El hipotálamo, al regular tanto las hormonas como otros sistemas implicados en el dolor, podría actuar como un punto de conexión entre esas variaciones hormonales y la activación del sistema trigeminovascular, que es el responsable del dolor en la migraña.
Este planteamiento también ayuda a desmontar ideas simplistas. La migraña no es “solo hormonal”, ni tampoco es una cuestión de debilidad o exageración. Es una enfermedad neurológica con una base biológica compleja, en la que interactúan factores cerebrales, hormonales y ambientales.
Para las personas con migraña, comprender este mecanismo puede ser útil. Explica por qué las crisis pueden cambiar a lo largo de la vida, por qué se intensifican en determinadas fases del ciclo o por qué la menopausia puede modificar el patrón de la enfermedad. Y, sobre todo, refuerza la importancia de seguir investigando para avanzar hacia tratamientos más personalizados que tengan en cuenta estas diferencias.
Cada nuevo estudio añade una pieza al puzle. Y entender mejor cómo dialogan el cerebro y las hormonas es un paso más para comprender por qué la migraña afecta de la manera en que lo hace, y por qué merece ser tratada con el rigor y la seriedad que corresponde a una enfermedad neurológica real.
FUENTE: Warfvinge, K., Edvinsson, J., Maddahi, A., Edvinsson, L. (2026, 12 febrero). Hypothalamic and sex-related hormones in migraine. The Journal of Headache and Pain. https://doi.org/10.1186/s10194-026-02289-z
