Neuralgia del trigémino: cuando un gesto cotidiano desencadena un dolor intenso

por | Oct 30, 2026 | Actualidad

Comer, hablar, cepillarse los dientes o sentir el roce del aire en la cara son acciones que realizamos sin pensar. Sin embargo, para quienes viven con neuralgia del trigémino, estos gestos cotidianos pueden desencadenar un dolor facial repentino y de gran intensidad.

Con motivo del Día Mundial de la Neuralgia del Trigémino, celebrado el 7 de octubre, desde AEMICE impulsamos una campaña para dar visibilidad a esta enfermedad todavía poco conocida y recordar la importancia de acceder a un diagnóstico y un tratamiento adecuados.

 

¿Qué es la neuralgia del trigémino?

El trigémino es el principal nervio encargado de transmitir la sensibilidad de la cara. Se divide en tres ramas que abarcan diferentes zonas: la frente y los ojos; las mejillas, la nariz y la parte superior de la boca; y la mandíbula, el labio inferior y parte de la lengua. También participa en funciones relacionadas con la masticación.

La neuralgia del trigémino es un trastorno de dolor facial neuropático. Aunque se encuentra recogida en la Clasificación Internacional de Cefaleas dentro de las neuralgias y dolores craneofaciales, no es propiamente una cefalea.

Se caracteriza por episodios repentinos de dolor facial, generalmente en un solo lado de la cara. Quienes lo experimentan suelen describirlo como:

  • Una descarga eléctrica.
  • Un latigazo o pinchazo muy intenso.
  • Un dolor brusco, punzante o lancinante.

Los episodios pueden durar desde una fracción de segundo hasta aproximadamente dos minutos y repetirse varias veces a lo largo del día. Algunas personas también presentan un dolor continuo o casi continuo entre las descargas.

 

Gestos cotidianos que pueden desencadenar el dolor

Una de las características más particulares de la neuralgia del trigémino es que el dolor puede aparecer ante estímulos que normalmente no deberían resultar dolorosos.

Entre los desencadenantes más habituales se encuentran:

  • Comer o masticar.
  • Hablar o sonreír.
  • Cepillarse los dientes.
  • Lavarse, afeitarse o maquillarse.
  • Tocarse determinadas zonas de la cara.
  • Sentir una corriente de aire frío.
  • Beber líquidos fríos o calientes.

En ocasiones existen pequeñas áreas especialmente sensibles, conocidas como zonas gatillo. Un contacto muy leve sobre ellas puede provocar un episodio.

Aunque cada descarga sea breve, el impacto de la enfermedad va mucho más allá de esos segundos. El temor a que el dolor vuelva a aparecer puede hacer que la persona evite comer, hablar, salir de casa o relacionarse con otras personas. También puede afectar al descanso, el estado de ánimo, la actividad laboral y la calidad de vida.

 

Un dolor que puede confundirse con otros problemas

La neuralgia del trigémino puede confundirse con problemas dentales, alteraciones de la articulación temporomandibular, sinusitis u otros tipos de dolor facial. Esto puede retrasar el diagnóstico y provocar que algunas personas consulten a diferentes especialistas o se sometan a procedimientos odontológicos que no resuelven el dolor.

No todo dolor intenso en la cara es una neuralgia del trigémino. Su diagnóstico se basa principalmente en las características del dolor, su duración, localización y posibles desencadenantes.

El profesional sanitario puede solicitar una resonancia magnética para buscar posibles causas, clasificar mejor la neuralgia y descartar otras enfermedades. En algunos casos existe una compresión del nervio por un vaso sanguíneo; en otros, puede estar relacionada con enfermedades como la esclerosis múltiple o con otra lesión. También hay casos en los que no se identifica una causa concreta.

Por eso es importante no autodiagnosticarse y consultar ante un dolor facial recurrente, especialmente si aparece en forma de descargas, se localiza en un lado de la cara o se desencadena al tocar determinadas zonas.

 

¿Tiene tratamiento?

Sí. Existen tratamientos que pueden reducir o controlar los episodios, aunque la respuesta varía de una persona a otra.

Los analgésicos habituales no suelen resultar eficaces frente a este tipo de dolor. Los medicamentos utilizados con mayor frecuencia actúan reduciendo las descargas anormales del nervio. La carbamazepina y la oxcarbazepina se consideran las principales opciones farmacológicas, pero requieren prescripción, seguimiento y controles médicos.

Cuando estos tratamientos no funcionan, producen efectos adversos o no pueden utilizarse, el especialista puede valorar otras alternativas. En determinados casos también pueden considerarse procedimientos quirúrgicos o intervencionistas dirigidos a aliviar la presión sobre el nervio o bloquear la transmisión del dolor.

El tratamiento debe individualizarse. No se debe modificar la dosis ni suspender la medicación sin indicación médica, ya que algunos de estos fármacos necesitan ajustes progresivos y controles específicos.

 

Comprender el dolor también es acompañar

La neuralgia del trigémino puede resultar difícil de comprender desde fuera. Entre los episodios, la persona puede no mostrar ningún signo visible y, sin embargo, vivir pendiente del siguiente ataque o evitar acciones tan básicas como comer, hablar o lavarse la cara.

Con la campaña del Día Mundial de la Neuralgia del Trigémino, desde AEMICE quisimos acercar esta realidad a la sociedad y recordar que quienes conviven con la enfermedad necesitan escucha, comprensión y acceso a una atención adecuada.

Dar visibilidad también significa reconocer el impacto que tiene el miedo al dolor, evitar comentarios que lo minimicen y respetar las adaptaciones que cada persona necesita en su vida cotidiana.

Si experimentas dolor facial recurrente, consulta con un profesional sanitario para recibir una valoración adecuada.

FUENTE: Sociedad Española de Neurología (2026, 20 enero). Nuevo Manual de Práctica Clínica en Cefaleas. https://www.sen.es/noticias-y-actividades/noticias-sen/3842-nuevo-manual-de-practica-clinica-en-cefaleas