A finales de 2020 se empezó a administrar en todo el mundo la vacuna contra la COVID-19, con el objetivo principal de frenar la expansión de este virus que ya se ha llevado por delante la vida de más de 2 millones de personas. En España, esta vacuna se lleva administrando desde principios de este año y, hasta la fecha, ya se han recibido más de 1 millón de dosis en todo el país.

A diferencia de otras vacunas que contienen una variante inofensiva del virus o partes de él, estas nuevas son definidas como “vacunas de ARN mensajero (ARNm)”, es decir, no contienen el virus, sino que únicamente llevan el ARN mensajero para producir las proteínas del pico (o las proteínas de S).

Como bien definió Harold Enzmann, miembro del Comité de Medicamente de Uso Humano (CHMP) de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), “el ARN mensajero tiene instrucciones para producir la proteína del pico, necesaria para que el virus entre en las células del cuerpo. Cuando a una persona se le administra la vacuna, alguna de sus células “leen” las instrucciones del ARNm y, temporalmente, producen esta proteína”.

Tras ello, el sistema inmunitario de la persona reconoce la proteína como desconocida y produce anticuerpos y leucocitos para atacarla. “Si de ahí en adelante, la persona entra en contacto con el virus de la COVID-19, su sistema inmunitario lo reconocerá y estará preparado para defender el cuerpo de ello”, afirmó el experto.

Precisamente, y como también afirmó la Sociedad Española de Neurología (SEN) en el documento “Recomendaciones del grupo de estudio de cefaleas de la SEN para la vacunación frente a la COVID-19 en pacientes con cefalea”, la vacunación frente a la COVID-19 hace que nuestro organismo produzca anticuerpos protectores frente al virus, sin el riesgo de padecer la enfermedad.

La inmunidad que proporciona la vacuna puede evitar que la persona padezca la enfermedad o que presente complicaciones graves, como pueden ser la cefalea o dolor de cabeza, el empeoramiento de un dolor de cabeza previo y la provocación de otras complicaciones neurológicas graves, entre otras consecuencias.

¿Podemos vacunarnos las personas que sufrimos cefaleas?

Tal y como argumenta la SEN, la vacunación no ha mostrado que sea perjudicial ni que pueda provocar un empeoramiento a las personas que padecen cefaleas.

Precisamente, vacunarnos frente a la COVID-19 es una estrategia útil para proteger de forma individual y a la vez comunitaria ante este virus. Además, esta vacuna también limita la propagación de la enfermedad y no se asocia a un empeoramiento del dolor que sufren los pacientes de migraña y otras cefaleas.

Desde el Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (GECSEN), se considera que no hay ninguna contraindicación para que se vacune a los pacientes que padecen cefaleas.

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Fuente:

  • Sociedad Española de Neurología. Recomendaciones del grupo de estudio de cefaleas de la SEN para la vacunación frente a la COVID-19 en pacientes con cefalea. Disponible aquí.
  • Gail, M. (2021, 12 enero). Vacunas ARNm: ¿En qué consisten y qué efectos secundarios tienen las dos ya autorizadas en la UE contra la COVID-19? Gaceta Médica. Disponible aquí.
  • Preguntas y respuestas sobre la enfermedad por coronavirus (COVID-19). (2019). Preguntas y respuestas sobre la enfermedad por coronavirus (COVID-19). Disponible aquí.