El pasado 21 de marzo se conmemoró el Día Mundial de la Cefalea en Racimos, una fecha que desde AEMICE aprovechamos para dar visibilidad a un dolor extremo y poco comprendido. Nuestra campaña buscaba transmitir una realidad que muchos desconocen: la cefalea en racimos no es un simple dolor de cabeza, sino un dolor que obliga a moverse, a caminar, a balancearse, a agarrarse la cabeza… porque no deja estar quieto. Y, lo más difícil, vuelve. A la misma hora. Cada día.
Por su intensidad extrema, la cefalea en racimos también se conoce como “cefalea suicida”, un nombre que refleja la desesperación que sienten quienes la padecen. Los episodios de dolor son unilaterales, generalmente centrados en el ojo y la zona que lo rodea, y se acompañan de síntomas como lagrimeo, enrojecimiento del ojo, congestión nasal, sudoración facial, caída del párpado o sensación de intranquilidad. Este dolor puede aparecer varias veces al día, durante semanas o meses, alternando con fases sin síntomas en la forma episódica, o persistiendo prácticamente sin interrupción en la forma crónica. Es más frecuente en hombres y suele aparecer alrededor de los 30 años.
Durante los ataques, factores como el alcohol, ciertos medicamentos vasodilatadores o incluso cambios de altitud pueden desencadenar el dolor. Los pacientes describen una sensación de urgencia por moverse, lo que marca una diferencia clara con otros tipos de cefalea. Por ello, nuestra campaña quiso transmitir esta experiencia: no es posible simplemente tumbarse y esperar a que pase; la cefalea en racimos exige acción frente al dolor.
El tratamiento se centra en aliviar los ataques y prevenir su recurrencia. El oxígeno inhalado a alta concentración es uno de los métodos más efectivos, aliviando el dolor en minutos. Los triptanes, aplicados de manera subcutánea o nasal, también resultan eficaces. Además, existen tratamientos preventivos que reducen la frecuencia e intensidad de los ataques, incluyendo corticoides y otros fármacos, siempre bajo supervisión médica.
Nuestro objetivo es claro: dar voz a quienes sufren este dolor extremo y fomentar el conocimiento de la enfermedad. Hablamos de un trastorno que va más allá del dolor de cabeza común; hablamos de vidas interrumpidas por un dolor que no deja estar quieto. Conocerlo, reconocerlo y tratarlo adecuadamente es fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.
FUENTE: Sociedad Española de Neurología (2026, 20 enero). Nuevo Manual de Práctica Clínica en Cefaleas. https://www.sen.es/noticias-y-actividades/noticias-sen/3842-nuevo-manual-de-practica-clinica-en-cefaleas
