El ayuno y saltarse comidas se encuentran entre los desencadenantes mencionados con mayor frecuencia por las personas con migraña. Sin embargo, demostrar que un hábito concreto provoca un ataque no es sencillo. Una investigación reciente sugiere que el riesgo podría aumentar cuando el ayuno coincide con otros factores, como el estrés, pero los resultados todavía deben interpretarse con prudencia.
Muchas personas con migraña identifican determinados alimentos, el estrés, la falta de sueño o los cambios meteorológicos como posibles desencadenantes de sus ataques. Entre ellos también aparece con frecuencia el hecho de pasar muchas horas sin comer.
Esto ha llevado a recomendar cierta regularidad en los horarios de las comidas. Pero ¿existen pruebas de que el ayuno provoque realmente ataques de migraña? ¿Actúa por sí solo o su efecto depende de que coincida con otras circunstancias?
Dos investigaciones publicadas en 2026 ayudan a comprender mejor esta relación y muestran que probablemente no exista una respuesta única para todas las personas.
Los desencadenantes no siempre actúan de forma aislada
La migraña es una enfermedad neurológica compleja. Un posible desencadenante no provoca necesariamente un ataque cada vez que aparece, y una misma situación puede afectar de manera distinta según el momento o la persona.
Es posible que el cerebro tolere un factor aislado, pero que la coincidencia de varios —por ejemplo, dormir poco, atravesar una situación estresante y pasar muchas horas sin comer— reduzca el umbral a partir del cual se inicia un ataque.
Esta es precisamente la hipótesis que investigó un ensayo publicado en la revista científica The Journal of Headache and Pain.
¿Qué ocurre cuando coinciden el estrés y el ayuno?
El estudio incluyó a 74 personas de entre 18 y 65 años con migraña episódica. En diferentes visitas a un laboratorio, los participantes fueron expuestos a distintas combinaciones de dos situaciones:
- Ayunar durante 12 horas o poder comer con normalidad.
- Realizar una tarea diseñada para generar estrés o una actividad de control sin ese componente estresante.
Los investigadores observaron si durante las seis horas de cada sesión aparecía una cefalea de intensidad igual o superior a cuatro sobre diez o si la persona necesitaba tomar medicación para tratarla.
En total se analizaron 131 sesiones y solo se produjeron ocho ataques. Aunque fueron poco frecuentes, aparecieron con mayor probabilidad cuando coincidían el estrés y el ayuno.
Los resultados apuntan a que la combinación de ambos factores podría influir más que cada uno por separado. Sin embargo, el número de ataques fue muy reducido y los márgenes de incertidumbre estadística eran amplios. Por tanto, el estudio no demuestra de forma definitiva que ayunar y sufrir estrés provoque un ataque de migraña.
Su principal aportación es otra: invita a dejar de pensar en los desencadenantes como elementos aislados y a observar cómo pueden acumularse diferentes circunstancias en un mismo día.
¿Qué dicen otros estudios sobre el ayuno?
Una revisión sistemática publicada en octubre de 2026 en The Journal of Headache and Pain reunió siete estudios sobre el efecto del ayuno en personas adultas con migraña. Cuatro de ellos analizaron específicamente el ayuno durante el Ramadán.
Cinco de los siete estudios encontraron un aumento de la frecuencia o la intensidad de la migraña durante los periodos de ayuno, mientras que los otros dos no observaron cambios significativos.
Los autores señalan varios factores que podrían explicar estas diferencias:
- La deshidratación.
- Los cambios en los horarios del sueño.
- La retirada repentina de cafeína.
- La modificación de los horarios de las comidas.
- Los cambios en la forma de tomar la medicación.
- El cansancio o el estrés asociados a una rutina diferente.
Sin embargo, los estudios incluidos eran muy distintos entre sí y, en su mayoría, observacionales. Esto significa que permiten detectar asociaciones, pero no determinar con seguridad que el ayuno sea la causa directa de los ataques.
De hecho, otro análisis publicado apenas dos días después reunió cinco estudios sobre el ayuno durante el Ramadán, con un total de 759 participantes, y no encontró un aumento estadísticamente concluyente de los días de migraña ni del número de ataques. Sí observó más días de utilización de analgésicos o medicación aguda, aunque este resultado procedía únicamente de dos estudios.
En conjunto, la evidencia sugiere que el ayuno puede aumentar la carga de la migraña en algunas personas, pero no permite afirmar que afecte de la misma manera a todo el mundo.
¿Por qué pasar muchas horas sin comer podría influir?
Todavía no se conocen con exactitud los mecanismos implicados. Una de las posibles explicaciones es el descenso de la glucosa disponible para el organismo, aunque no está demostrado que la hipoglucemia sea la causa principal.
También pueden intervenir otros factores que suelen acompañar al ayuno:
- Deshidratación: Cuando el ayuno implica no beber líquidos o la persona reduce su consumo de agua, la deshidratación puede facilitar la aparición de cefalea y contribuir a aumentar la vulnerabilidad frente a un ataque.
- Retirada de cafeína: Las personas que consumen café, té, bebidas de cola u otras fuentes de cafeína de manera habitual pueden experimentar cefalea si reducen o interrumpen su consumo bruscamente.
- Alteraciones del sueño: Cambiar la hora de acostarse, dormir menos o interrumpir el descanso para modificar los horarios de las comidas puede influir en la migraña.
- Estrés y cambios de rutina: La falta de tiempo para comer, las jornadas laborales exigentes o determinadas preocupaciones pueden hacer que el ayuno coincida con un nivel elevado de estrés. El ensayo experimental sugiere que esta combinación podría ser más importante que cada factor por separado.
Por ello, atribuir un ataque exclusivamente a no haber comido puede simplificar demasiado lo ocurrido.
Saltarse una comida también puede ser consecuencia del ataque
La relación entre alimentación y migraña puede funcionar en las dos direcciones.
Antes de que aparezca el dolor, algunas personas experimentan cansancio, dificultad para concentrarse, cambios de humor, náuseas, pérdida de apetito o antojos. Son síntomas de la fase premonitoria de la migraña, que puede comenzar horas antes de la cefalea.
Por tanto, una persona puede saltarse una comida porque el ataque ya se está iniciando, aunque todavía no haya aparecido el dolor. En ese caso, dejar de comer no sería necesariamente el desencadenante, sino una de las primeras consecuencias de la propia crisis.
Esta dificultad para distinguir entre causa y síntoma explica por qué resulta tan complicado investigar los desencadenantes alimentarios.
¿Debo evitar el ayuno si tengo migraña?
No existe una recomendación válida para todas las personas. Algunas identifican claramente que pasar muchas horas sin comer aumenta la probabilidad de sufrir un ataque, mientras que otras no observan ninguna relación.
Lo más útil es analizar la experiencia individual sin imponer restricciones innecesarias. Un diario de migraña puede ayudar a anotar:
- La hora de inicio de los síntomas.
- El tiempo transcurrido desde la última comida.
- La cantidad de agua consumida.
- Los cambios en el consumo de cafeína.
- Las horas y la calidad del sueño.
- El nivel de estrés.
- La aparición de síntomas previos al dolor.
- La medicación utilizada y su respuesta.
Para identificar un posible patrón no basta con que una circunstancia coincida con un único ataque. Es necesario observar si se repite en diferentes ocasiones y tener en cuenta qué otros factores estaban presentes.
Tampoco es recomendable eliminar alimentos de la dieta de manera generalizada sin haber identificado una relación clara. Las restricciones innecesarias pueden dificultar una alimentación equilibrada y convertir las comidas en una fuente adicional de preocupación.
Algunas medidas que pueden ayudar
Si una persona ha observado que los periodos prolongados sin comer se relacionan con sus ataques, puede valorar estas medidas:
- Mantener horarios de comida razonablemente regulares.
- Evitar pasar muchas horas sin comer en días especialmente exigentes.
- Cuidar la hidratación a lo largo del día.
- Planificar las comidas o llevar algún alimento cuando se prevé una jornada larga.
- Evitar cambios bruscos en el consumo habitual de cafeína.
- Intentar mantener horarios de sueño regulares.
- Anticipar las situaciones en las que puedan coincidir ayuno, falta de descanso y estrés.
- Consultar con el profesional sanitario si los ataques aumentan o interfieren cada vez más en la vida diaria.
Quienes realizan ayunos prolongados por motivos religiosos, culturales, médicos o personales pueden hablar previamente con su profesional sanitario. Esto es especialmente importante si necesitan adaptar los horarios de la medicación, presentan ataques frecuentes o padecen otras enfermedades.
No se debe modificar la pauta de un tratamiento preventivo o agudo sin consultarlo.
Conocer los patrones sin culpabilizar
Identificar posibles desencadenantes puede ayudar a algunas personas a anticiparse a los ataques, pero no debe transmitir la idea de que la migraña se produce por haber llevado un estilo de vida incorrecto.
La migraña es una enfermedad neurológica. Mantener horarios regulares, hidratarse o cuidar el sueño puede formar parte de su manejo, pero no elimina la predisposición biológica ni garantiza que no se produzcan ataques.
Las investigaciones recientes sugieren que el ayuno puede tener un efecto diferente según la persona y las circunstancias. La coincidencia con el estrés, la deshidratación, la retirada de cafeína o los cambios de sueño podría aumentar la vulnerabilidad.
La conclusión más útil no es que todas las personas con migraña deban evitar el ayuno, sino que conviene observar el conjunto de factores que rodean cada ataque y buscar patrones propios. Comprenderlos puede ayudar a tomar decisiones informadas y a compartir con el profesional sanitario información relevante para mejorar el abordaje de la enfermedad.
FUENTES:
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- Amer, S., Hassan, A., Said, M., Rageh, O., Moubarak, E., Gamal, M., Mohamed, A., Kasem, M. (2026, 8 octubre). Association between Ramadan fasting and migraine related outcomes among adult Muslims: a systematic review and meta-analysis. The Egyptian Journal of Neurology, Psychiatry and Neurosurgery. https://doi.org/10.1186/s41983-026-01237-7



