La migraña sigue siendo una enfermedad invisible, muchas veces banalizada y frecuentemente mal entendida. A pesar de afectar a millones de personas y de ser una de las principales causas de discapacidad en adultos jóvenes, todavía es habitual escuchar frases como “es solo un dolor de cabeza” o expresiones que minimizan su impacto real.
Con el objetivo de contribuir a cambiar esta realidad, la Sociedad Española de Neurología (SEN), a través de su Grupo de Estudio de Cefaleas, ha publicado la “Guía de estilo de migraña. Manual para comunicar bien”, una iniciativa avalada por AEMICE que busca mejorar la forma en la que hablamos sobre la enfermedad.
Se trata de una herramienta dirigida a medios de comunicación, profesionales sanitarios, comunicadores, creadores de contenido y entidades vinculadas a la salud, pero que también resulta de gran interés para las propias personas con migraña y su entorno.
¿El objetivo? Muy claro: promover una comunicación más rigurosa, respetuosa y libre de estigmas, porque la forma en que se habla de la migraña influye directamente en cómo la sociedad la entiende.
Uno de los mensajes clave de la guía es que el lenguaje no es neutro. Las palabras pueden ayudar a comprender mejor una enfermedad o, por el contrario, contribuir a invisibilizarla o minimizarla.
Por eso, la guía plantea algunos cambios concretos en la forma de hablar de la migraña que buscan reflejar mejor la realidad de quienes viven con ella.
1. No “migrañas”, sino migraña
Uno de los aspectos que desde AEMICE llevamos tiempo destacando es la importancia de denominar adecuadamente la enfermedad.
La guía recomienda priorizar el uso de “migraña” frente a expresiones como “migrañas”, recordando que, igual que no solemos hablar de “depresiones” o “cánceres” para referirnos a una enfermedad, tampoco deberíamos hacerlo con la migraña.
El motivo no es solo lingüístico. Según la guía, utilizar el plural puede contribuir a transmitir la idea de algo puntual, leve o anecdótico, alejándose de la realidad de una enfermedad neurológica compleja y, en muchos casos, altamente incapacitante.
2. Mejor hablar de “ataques de migraña”
Otro de los cambios que propone la guía es priorizar el término “ataque de migraña” frente a expresiones como “crisis” o “episodio”.
El término ataque refleja mejor la intensidad, imprevisibilidad e impacto real de la enfermedad y, además, es el término consensuado internacionalmente por la International Headache Society.
3. No eres “migrañoso/a”: eres una persona con migraña
Quizá uno de los cambios más relevantes de la guía es la apuesta por un lenguaje centrado en la persona.
La SEN recomienda evitar etiquetas como “migrañoso/a” y priorizar expresiones como “persona con migraña” o “persona que vive con migraña”.
La razón es sencilla pero importante: la enfermedad forma parte de la vida de quien la padece, pero no define quién es esa persona. Este enfoque busca poner a la persona en el centro, evitando que una condición de salud acabe convirtiéndose en una etiqueta que eclipse el resto de las dimensiones de su vida.
Por eso, desde AEMICE valoramos especialmente esta iniciativa, porque creemos que hablar mejor de la migraña también es una forma de mejorar su comprensión social.
Porque cuando la enfermedad se entiende mejor, es más fácil combatir el estigma, reducir la banalización y favorecer que las personas con migraña reciban la atención y el reconocimiento que merecen.
Ver «Guía de estilo de migraña»
